Planta del ajenjo

El Ajenjo es una planta históricamente utilizada por el ser humano, tanto en los más antiguos rituales como en la medicina natural de ayer y hoy.

Es originaria de las zonas templadas de la cuenca del mediterráneo, Asia y el norte de África. Fue utilizada en primera instancia por los egipcios, para ser luego transmitida a los griegos y los romanos. Los efectos psicoactivos de esta planta la han hecho muy popular en antiguos rituales religiosos, aunque hoy día sabemos que consumirla con esta intencionalidad puede resultar peligroso, causando adicción o, en ocasiones, la muerte. Sin embargo tiene propiedades muy beneficiosas para la salud, actuando como tónico contra malestares estomacales, o expectorante y antiséptico, aliviando enfermedades del tracto respiratorio.

La planta del ajenjo

Se trata de una planta herbácea de hojas perennes, que se sustenta sobre un rizoma leñoso del que salen tallos rectos. Suele crecer alrededor de un metro con veinte centímetros, y posee hojas basales de unos 25 centímetros, mientras que las otras crecen sobre el tallo, alcanzando los 10. Estas hojas son de color plateado, y están cubiertas por vellosidades que las protegen del sol, y glándulas productoras de aceite con la misma función. Durante el verano da flores tubulares, de un color amarillo más bien pálido, que se polinizan a través del viento, dando paso a  un fruto cilíndrico y algo curvo, brillante y con nervios oscuros.

El ajenjo no tiene dificultad para crecer en suelos pobres; y prefiere los ambientes soleados y secos, incluso rocosos, siempre y cuando sean ricos en nitrógeno. Es muy fácil de reproducir por gajo; quizá más que por semilla, ya que éstas son muy chicas, y tienden a volarse con cualquier viento fuerte o lluvia. Se recomienda fertilizar esta planta al menos una vez al año.